Lunes, 12 de mayo de 2008

Hace un año y medio el Jordi C. y yo acabamos una partida al Thirty Years War de GMT a través de Cyberboard. Empezamos en julio de 2006 y acabamos en noviembre del mismo año, con varios momentos memorables, especialmente alguna noche que nos encontramos conectados y los mensajes se cruzaban hasta altas horas.

Fue una partida muy, muy dura y reñida. Bavaria acabó en poder de mis protestantes, el ejército imperial del Jordi había desaparecido del mapa. Tan solo Austria, Hungría y el Tyrol continuaban en manos de los católicos. Si no es por los veteranos Tercios de Flandes y su terca defensa de la franja española el fracaso imperial hubiera sido estrepitoso. Pero la partida acabó con un resultado incierto.

El Cardenal Infante y los Tercios Viejos defendiendo la marca española

Yo usé la última activación del turno 14 para capturar Salzburg y dejar el marcador en 6 PV, victoria protestante. Pero Jordi C., como buen cabrón, se guardaba una jugada en la manga. Su última activación fue una revuelta campesina que jugó sobre Pilsen. La caída de la ciudad en manos de unos desarrapados y el control católico sobre Praga me hacía perder Bohemia y con ello 3 PV. Así que me quedaba en 9 (en este juego hay un único contador de PV, el católico suma y el protestante resta), todavía una victoria mía.

Pero ahí no quedaba todo. La pérdida de Bohemia también representaba la desaparición de mi 4º electorado, y con él la causa de la polémica: ¿los puntos de los electorados se perdían, igual que las provincias, al perder el control por una revuelta campesina o solo se cuando el otro jugador cumplía las condiciones necesarias (controlar 4 o 7)? La respuesta a esa cuestión era fundamental porque la pérdida del cuarto electorado me quitaba 2 PV más y la partida quedaba en un empate (un resultado justo para una campaña tan reñida, pero poco satisfactorio para míGui?o

 
La revuelta campesina de Pilsen y la Praga católica me dejan sin el control de Bohemia

Jordi colgó una pregunta en comsimworld y por un momento pareció que la razón estaba de su lado (aunque yo nunca estuve especialmente de acuerdo y la causa estaba pendiente de veredicto). Pero este mundillo es muy, muy curioso. El sábado pasado llovía y llovía, y Jordi casi no se compra el aspirador que necesitaba a causa de unas berenjenas rellenas y media partida de Thirty Years War (que tendremos que acabar), recuperado después de tanto tiempo... y, claro, en el fragor de la batalla salieron a relucir nuestras antiguas dudas. Así que decidió emplear en domingo en rebuscar por Internet con el resultado de:

¡¡¡VICTORIA PROTESTANTE!! (Por lo tanto, mía)

Un año y medio después hemos descubierto que en la revisión de las reglas de principios de 2007 se aclaraba nuestra polémica a mi favor. O sea, que además de una victoria más que justa sin duda alguna, hemos incorporado un trocito de nuestras partidas en las instrucciones del juego... ¡¡como mola!!
La verdad es que a este juego le tengo un cariño especial porque fue el que inauguró esta época dorada que estamos viviendo en Tarragona. Una vez que nos conocimos Jordi C. y yo (gracias al Origins of World War II y Ebay), allá por el verano de 2006, nos enfrentamos por primera vez delante de una mesa con este juego. Además fue mi primer juego GMT y con motor de cartas, con el que aprendí a jugar al Cyberboard y conocí el ACTS... ahí es nada.

El juego es muy bueno. Por lo menos a mí me gusta mucho. Las posibilidades estratégicas son muy amplias y tus decisiones son importantes para oblifar al otro a hacer una u otra cosa. Por ejemplo, el imperial necesita activar en algún momento de la partida a los Tercios Viejos españoles para controlar el Bajo Palatinado, tanto por los puntos de victoria que eso da como porque es necesario para convertir a Bavaria en Electorado y poder jugar el Edicto de Restitución. Si el protestante aprieta por Alemania atacando a las fuerzas imperiales y bávaras le obliga a tener que activarse y reclutar por esa zona y no poder entretenerse con los tercios.

La forma de simular el funcionamiento de los ejércitos de la época es muy curiosa y le da emoción al asunto. Las tropas viven del terreno, por lo tanto solamente por mover un ejército el territorio se resiente. Eso se representa mediante unas fichas de pillaje que, como la tiña, se van extendiendo en aquellas ciudades por las que pasan las tropas. Por tanto, una zona en la que se libren batallas durante una larga temporada se ve saqueada de manera radical. Que una zona esté completamente asolada (Pillaje 2) te impide reclutar y además te añade penalizaciones a la hora de que las tropas no cobren. También hace que avanzar por ese tipo de territorios te cueste bajas (simulando las deserciones por falta de algo que echarse a la boca o a otro sitio).
 
Wurttemberg y Bavaria arrasados por los pillajes. Cristian de Dinamarca aún vive

Las batallas son muy duras para todo el mundo. Si no hay una diferencia amplia de fuerzas o unas tiradas muy distanciadas, las bajas serán altas para ambos. Necesitas una victoria muy decisiva para que tus ejércitos se conviertan en las fuerzas dominantes. Además, la posibilidad de reclutar cada turno las veces que quieras, bajo tirada de dado, eso sí, hace que los ejércitos varíen de tamaño muy rápido. Pero, claro, no todo es así de fácil. Las tropas deben ser pagadas y el dinero escasea... eso hace que haya que tirar cada final de turno para ver si los soldados aceptan seguir combatiendo sin una moneda en el bolsillo, y no siempre quieren hacerlo.

Todo eso, más todas las cosas que no explico para no alargar esta historia (la guerra en los Países Bajos, asedios, los líderes, los eventos históricos, etc.), hacen de este juego uno de mis favoritos... si es que hay alguno que no lo sea.

Comentarios
Publicado por Invitado
Lunes, 12 de mayo de 2008 | 23:58
Ya est? siempre igual, jodiendo a los pobres espa?olitos.

Hay cosas que nunca cambian
Muchas risas
Publicado por El_Gran_Odball
Martes, 13 de mayo de 2008 | 0:43
Nooooooooooo que esta vez los que salvaron el honor del bando cat?lico fueron los pobres tercios. El Sacro Imperio pierde la guerra, pero los espa?oles se afianzan en Holanda y los franceses se lo miran desde la barrera. Nada de Rocroi, ni cosas de esas.